AFORISMA

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Nostra Signora del Carmelo

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lunedì 31 marzo 2014

Divagazioni su di un IV Centenario in sordina (Padre Jerònimo Gracian)


Divagaciones de un IV centenario en Sordina (dalla rivista EN CAMINO della comunità OCD guatemalteca)
Sinceramente, cuando hace casi 50 años tuve en mis manos una de las primeras edi- ciones de la Peregrinación de Anastasio (P. Jerónimo Gracián, 1545-1614), dos cosas me maravillaron: ¿Cómo a una figura tan relevante y poliédrica de los comienzos del Carmelo Teresiano se le ha sistemáticamente borrado de los anales de nuestra historia? Aun con una somera lectura de algunos escritos de Santa Teresa de Ávila no es difícil darse cuenta de que ningún otro hermano entró tanto en su vida, sobre todo espiritual. Segundo motivo de estupor, para mí más grave que el primero: ¿es posible que la experiencia de una esclavitud tan dura como la padecida por el querido hermano en Túnez no haya inducido a sus muchos acusadores a reconsiderar de algún modo lo absurdo de aquella condena? Si la parábola del hijo pródigo (suponiendo que él lo hubiera sido) tiene lugar sólo en el Evangelio y no en una Orden religiosa, está claro que esto es como abrir la compuerta a una inundación de dudas.
Quedé impresionado sobre todo por la obstinación del Padre Gracián en buscar toda posible justificación al comportamiento de sus hermanos que lo habían expulsado, aun remachando hasta el fondo su propia inocencia. La frialdad glacial de sus detractores deja profundamente perplejos: ¿el perseguido justificando a los perseguidores? Mientras ellos estaban tranquilamente gozando del beneficio de verse por fin desembarazados de aquel incordiante, a él sus verdugos mahometanos le marcaban con hierro candente el signo de la cruz bajo la planta de los pies.
Habría también en realidad un tercer motivo de estupor. No creo haber encontrado entre nuestros escritores teresianos uno tan dotado de buen humor.
El suyo, incluso cuando tendría todas las razones para ello, nunca es sarcástico, y a veces alcanza hasta las cimas del puro lirismo.
Me he formado por tanto la idea de que muchas de sus iniciativas en el campo apostólico han tenido recepción, aunque sin reconocerlo nunca oficialmente por la sombra demasiado embarazosa de las cumbres españolas, precisamente en aquellos hermanos que fueron artífices de la difusión teresiana en Italia y en el resto de Europa, comprendidos los territo- rios misionales. Nadie me quita de la cabeza que cuantos dejaron la patria para esta expan- sión de los Carmelitas Teresianos fueron en verdad mentes elevadas, tanto que obtuvieron de la Iglesia encargos de notable importancia. En la patria se hubieran enmohecido; en Italia y en otras partes sacaron a luz todos los talentos recibidos del Señor.

“Quedé impresionado sobre todo por la obstinación del Padre Gracián...”

Cuánto cuesta un fraile: por el Padre Nicola Galeno de la Virgen del Carmen

Nunca podré olvidar la célebre respuesta de S. Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) a una Hermana de vida activa que le pedía algún comentario autorizado a los escritos de la Santa Teresita. Después de darle el nombre de algún autor añade con su pro- verbial franqueza: “A mi parecer basta leerla: ¡Teresita se comenta sola!”.
Sinceramente, a uno le vienen ganas de afirmar lo mismo respecto a este ilustre hermano de Orden, que con seguridad es el más citado de nuestra Santa Madre Teresa, y sin duda alguna el más olvidado de sus hermanos por un cúmulo de prejuicios, que ni siquiera cuatro siglos han podido disipar del todo. Nosotros los italianos tenemos la atenuante de que no existen prácticamente obras suyas traducidas al bello idioma de Dante, aunque leyendo su Diario (Peregrinación de Anastasio) resulta que en el último decenio del siglo XVI y en los primeros años del siglo XVII algunos tratadillos suyos se publicaron en italiano antes que en español.
Si hay algo que no soporto durante algunas visitas artísticas, es la presencia del cicerone. Yo busco siem- pre el contacto directo con los autores. Si encuentro un cuadro bello o una bella escultura, quiero estar libre para dialogar de tú a tú con el autor deteniéndome todo el tiempo que retenga necesario. Sólo así logro compenetrarme con el drama por él vivido para llevar a cabo su obra. Si además consigo fotografiarla y extender incluso una lectura poética, entonces se convierte prácticamente en mía, aun quedando en su lugar: en el corazón me acompaña dondequiera.!
Tuve la suerte de descubrir casi casualmente a este hermano de Orden hace unos cincuenta años, cuando estudiaba teología en el Teresianum de Roma. Puedo decir que he aprendido el español sobre todo leyendo aquel Diario y otros opúsculos suyos. Si un pesar me queda es el de no haber hecho una drástica elección histórica en mi vida: me dejé llevar demasiado de la actividad parroquial y misionera. Pesar juicioso, pero demasiado tarde. Y “agua pasada no mueve molino”.
Para mí es importantísimo escuchar primero lo que uno piensa de sí mismo. Habrá tiempo después para examinar las opiniones de los demás. Pues bien, en el Proemio de su Diario así se presenta...
“No pienso, contando mis afrentas, que hago agravio a lo que debo en el reconocimiento de mis
miserias , pecados y faltas, porque –como dice san Agustín- así como el mismo fuego que refina y hace resplandecer el oro oscurece con humo y desruye la paja, así son fuego las tribulaciones, que en otros que tuvieran oro de virtud causarán perfección y vida ejemplar; pero en mí –que soy más vil que la paja y estiércol- han causado impaciencia, pecados y mal ejemplo”. (Proemio)
Y poco más abajo así con- cluye...
“Ruego al que le leyere délagloriaaDios, yamí me tenga por el más malo del mundo, y procure el aprovechamiento de su espíritu” (Ib.)
Querido Padre Jerónimo Gracián, como tarjeta de visita no está mal, ¿no? De- fines tan bien tu silueta que no dejas espacio alguno a las ilusiones. Te sientes lo que cada uno de nosotros es realmente ante Dios: un pobre diablo, necesitado de perdón y de salvación!
Claro que tú del sacerdote y del religioso en general tienes un alto concepto, y ¡cómo quisieras estar siempre a la altura del ideal pedido por Cristo mismo a sus colaboradores más estrechos! Estás en efecto firmemente convencido de que descubriendo las propias culpas uno puede “manifestar la misericordia de Dios con la enmienda que de ellas ha
tenido” (Prólogo).
Y eres tan exigente que afirmas...
“Esa no hallo en mí, y como me dijo una beata de Elche, ‘gran daño es de los confesores y predicadores saber el pueblo sus defectos, porque como los miran como a espejos para su bien, oscureciéndose con manchas, estorban el fruto de su oficio” (ib.)
A este punto permitidme hacer una pregunta que a algunos podrá parecer muy curiosa:
¿Cuánto puede venir a costar un fraile? Me figuro que alguno inmediatamente echará mano a la calculadora para contar los varios gastos: comida, hospedaje, estudios, medicinas y de- más... ¿Resultado?
Antes de que responda, he aquí que interviene Santa Teresa en persona.
“Como después oí de boca de la Madre Teresa, costéle un año de oraciones para traerme a la Orden, entendiendo que la había de ayudar” (Diálogo 1o)
Sinceramente, siento un estremecimiento: un año de oraciones mías son poca cosa...Pero un año de las de Santa Teresa, ayudada por sus monjas, me parece en verdad una montaña como para derribar a cualquier escalador experto, ¿no?
(Continuara)

Padre Nicola Galeno ocd

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